He visto salir a un egocon su enorme maleta
forrada de etiquetas.
Dentro llevaba doblada
la envidia del último mes;
me dijo que pensaba tirarla al río del olvido,
sin haberla asumido.
Llevaba también
un rollo de amor propio
y un maletín de orgullo
que pesaban lo suyo.
No llegará lejos,
tendrá que volverse
a su solitaria casa
que es el único lugar
donde puede almacenar
tanta morralla.