domingo, 29 de noviembre de 2020

No me alcanzan los brazos de la tierra, SELVA CASAL




 

 

 

 

 

 

No me alcanzan los brazos de la tierra
no me alcanza la vida
mis amantes me duelen
andan por mi cerebro y son
la vida que no tuve
el silencio anterior
ya estoy definitiva muerta
tuve una casa
tuve tantos hijos subterráneos fantasmas
de noche me hostigaban
cosas y voces que no sé
tú podías haber sido mi padre
tú podías haber sido mi hijo
las calles por donde nos moríamos
no tenían sentido
despierta así no volverás a ser
tócame no hay parte de mi cuerpo
que no sea universal
sé que palpo en silencio
cosas que no he vivido
tristes constelaciones
piernas playas arenas
mutilados enfermos
yo nunca estaré muerta
me dolerán las uñas
los cuerpos los abrazos
los viajes la aventura feroz de cada célula.

 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Javier Sánchez Menéndez

Notas sobre el silencio, Día 9

El cielo cambia de color, las nubes no dejan que el sol ilumine los días. Esta primavera es un invierno que sigue teniendo frío.
Somos templos. Todos somos templos. Nuestro santuario posee muchas puertas, vanos por donde entran y salen los seres a su antojo, con la libertad de visión y la ausencia de transmisión. Y a pesar del multitudinario movimiento estamos solos.
Estamos solos.
Nuestra compañía es la ausencia, es nuestra libertad. Lloramos de impotencia por los demás, que somos nosotros mismos, y cerramos los ojos. Comienza a llover. Unas gotas minúsculas que no entran por las puertas de los templos, prefieren aguardar, entretenerse, respirar.
Estamos solos.
Comenzamos a respirar con los ojos cerrados. Comenzamos a morir con los ojos cerrados.

El silencio es el inicio, sólo el inicio.


 

sábado, 21 de noviembre de 2020

MATAR AL DRAGÓN Amalia Bautista



 

 

 

 

 

 

 

 

Ha llegado la hora de matar al dragón,
de acabar para siempre con el monstruo
de las fauces terribles y los ojos de fuego.
Hay que matar a este dragón y a todos
los que a su alrededor se reproducen.

Al dragón de la culpa y al dragón del espanto,
al del remordimiento estéril, al del odio,
al que devora siempre la esperanza,
al del miedo, al del frío, al de la angustia.
Hay que matar también al que nos tiene
aplastados de bruces contra el suelo,
inmóviles, cobardes, desarraigados, rotos.

Que la sangre de todos
inunde cada parte de esta casa
hasta que nos alcance la cintura.
Y cuando ese montón de monstruos sea
sólo un montón de vísceras y ojos
abiertos al vacío, al fin podremos
trepar y encaramarnos sobre ellos,
llegar a las ventanas, abrirlas o romperlas,
dejar que entren la luz, la lluvia, el viento
y todo lo que estaba retenido
detrás de los cristales.

 

jueves, 19 de noviembre de 2020

«Oda al pensamiento» Sharon Olds

Casi puedo verte, en el aire, como una especie
por derecho propio. Creí que eras algo
que había hecho yo cuando estaba en mi habitación,
a solas con mis tijeras, la cinta adhesiva y el papel,
y tú estabas ahí, haciendo Dios sabe qué
mientras yo recortaba, moviendo la mandíbula al son
de la cuchilla. ¿Usabas tus palabras o jugabas con tus
alfabetos, o algo menos encadenado que eso,
lanzabas los protones y neutrones y
electrones? Lo sé, eras algo entre
una corriente eléctrica y una ola, en la carne gris
y blanca del cerebro. Ah, pensamiento, estabas
dentro de mí, pero no lo parecía,
pensaba en ti como una falda brillante,
volando. Tú, cariño, estás por encima de la comprensión,
entras y sales de nuestras cabezas
a tu antojo, y somos inocentes
de todo lo que dices, y no hay sangre en tus manos,
querido pensamiento, aunque he matado gran parte de
tu naturaleza ha habido
mucha sangre tuya en las mías, ya no más,
ve a deambular, llena la habitación, sal
tras la tierra, ve de un lado a otro,
hacia arriba y hacia abajo, sé que
volverás: observa cómo se humedecen mis ojos cuando
digo estoy cuerda.

 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Irene Gruss.



Mastúrbate úntate cada pezón con miel y baja el mentón, la lengua saben dulces, toca circularmente cada punta morada, agrietada o lisa y luego acaricia el vientre, el ombligo, haz cine o literatura con la mente pero no olvides los pezones, la miel, el dedo circular, hazlo frente al televisor mientras te ríes y te humillas: mastúrbate, abandona, cuida el clítoris como a la piel de un niño, escucha el viento que suena detrás de la ventana cerrada, guarda tu jugo a escondidas del mundo y mastúrbate, que tus piernas comiencen a abrirse y cerrarse que tu murmullo sea un gemido ronco, grito agudo en el aire, en el hueco que pide penetración, contacto, habla despacio hazlo en silencio pero gime aúlla, murmura aunque sea el goce el rozarse de tu pelo en la almohada en la alfombra en la nuca, mastúrbate, hasta que las rodillas tiemblen, hasta que caigan lágrimas y suena esta vez no un viento sino un timbre y otro, regular la campanilla, recién entonces dilátate como en el parto lubrica tu vagina, el tubo que sigue llamando, levántalo, bájalo introdúcelo y escucha ahora su voz, lejana, ajena, y cierra tus ojos, su boca tan adentro.

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

«Muerte necia» Carmen Martín Gaite



 

 

 

 

 

Se me ha gastado el día,
atropelladamente
en idas y venidas,
en gestos y recados
que al hacerlos juzgaba.
necesarios.

Desperdiciado, débil y oscilante,
el número equis ene de mis
días
era un cabo de vela
y afuera lucía el sol de la
mañana.

El sol se hunde en silencio
y sopla las bujías
y se envuelve en su manto como
un rey.

El número equis ene de mis
días
murió de muerte necia.

Ahora lo estoy llorando
cuando veo a las nubes
ponerse un traje grana
para morir también.