sábado, 25 de junio de 2011

Fernando Pessoa

Apunte

Mi alma se ha roto como un jarrón vacío.
Se ha caído por la escalera demasiado abajo.
Se ha caído de entre las manos de la criada distraída.
Se ha caído y se ha hecho más pedazos que loza había en el jarrón.

¿Necedad? ¿Imposible? ¡Yo qué sé!
Tengo más sensaciones de las que tenía cuando me sentía yo.
Soy un esparcimiento de trozos sobre una estera sin sacudir.

Hice ruido en la caída como un jarrón al romperse.
Los dioses presentes, asomados a la barandilla de la escalera,
contemplan los trozos que su criada hizo de mí.

No se enfadan con ella.
Son tolerantes con ella.
¿Qué era yo, un jarrón vacío?

Miran los trozos absurdamente conscientes,
pero conscientes de sí mismos, no de los trozos.

Miran y sonríen.
Sonríen tolerantes a la criada involuntaria.

Se extiende la gran escalinata alfombrada de estrellas.
Un trozo brilla, vuelto por su exterior vidriado, entre los astros.
¿Mi obra? ¿Mi alma principal? ¿Mi vida?
Un trozo.
Y los dioses lo miran de un modo especial, pues no saben por qué se ha quedado ahí.

miércoles, 22 de junio de 2011

Emily Dickinson


Esto es todo lo que tengo para traer hoy-
Esto, y mi corazón al lado-
Esto, y mi corazón, y todos los campos-
Y todas las amplias praderas-
Estate segura de que cuentas -si yo lo olvidara
Alguien podría decir cuánto suman-
Esto, y mi corazón, y todas las Abejas
Que en el Trébol moran.


Emily Dickinson. Poema 26.
Traducido por Ana Mañeru Méndez, en Emily Dickinson (1830 – 1886). Ediciones del Orto.