domingo, 12 de diciembre de 2010

Petrarca. La vida solitaria

Tomaso de Módena

Escrita en Valclusa entre 1345 y 1347, esta obra se ocupa de la soledad en cuanto generadora y favorecedora de virtudes y en cuanto condición necesaria para el trabajo intelectual. Soledad no significa, según nuestro poeta, aislamiento ni misantropía, ni tampoco aversión al mundo. Petrarca defiende, por el contrario, la posibilidad de conducirse dignamente en este mundo mediante la consecución y el goce de un tiempo verdaderamente libre para la meditación y la creación.
La vida solitaria es un manual de conducta para poetas y otros trabajadores del espíritu. La soledad es, en el fondo, la manera de aquietar el ánimo humano. Para él, su soledad y su ocio significaron siempre el comercio intelectual, la conversación con los mejores ingenios del pasado –el “escucho con mis ojos a los muertos” de Quevedo- y del presente mediante la lectura de sus obras, y la posibilidad de producir las propias con objeto de que sean el mejor y más preciado testimonio de su vida.

La vida solitaria de Petrarca. Comentarios de Ángel Crespo