lunes, 26 de octubre de 2020

Ángela Figuera.



 

 

 

 

 

 

 

El grito inútil

¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve

una mujer viviendo en puro grito?

¿Qué puede una mujer en la riada

donde naufragan tantos superhombres

y van desmoronándose las frentes

alzadas como diques orgullosos

cuando las aguas discurrían lentas?

¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla

rodando las provincias del pecado,

trepando por las dunas, resbalándome

por todos los problemas sin remedio?

¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula,

con sólo esta canción, esta porfía

limando y escociéndome la boca?

¿Qué puedo yo perdida en el silencio

de Dios, desconectada de los hombres,

preñada ya tan sólo de mi muerte,

en una espera lánguida y difícil,

edificando, terca, mis poemas

con argamasa de salitre y llanto?

Volvedme a aquel descuido, a aquel sosiego

en que era dable andar por los caminos

pastoreando ensueños como ovejas.

Volvedme al ruiseñor de aquel boscaje,

al vuelo de aquel cisne por el lago

bajo la planta azul de aquella luna.

Volvedme a la andadura mesurada

al trópico dulcísimo y sedante

de un verso con timón y cortesía

donde cantar cómo los bucles de oro

son cómplices del pájaro y la rosa,

porque eso, al fin, a nada compromete

y siempre suena bien y hace bonito.

Pero es vano, amigos, nos cortaron

la retirada hacia seguras bases.

Están rotos los puentes,

los caminos confusos,

los túneles cegados. No sabemos

de cierto si avanzamos o si huimos

dejando por detrás tierra quemada.

Y yo pregunto, vadeando a solas

un río de aguas turbias y crueles,

¿qué puede una mujer, para qué sirve

una mujer gritando entre los muertos?

 

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