sábado, 7 de agosto de 2021

DIONISIA GARCÍA

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Cabecean los árboles,

inclinan sus poderosos verdes,

y sobre la ciudad

se extiende una cortina

de agua desamparada.

Ni un alma en el paseo

poblado por la tarde

de personas dispuestas

junto a los veladores.

 

El día finaliza

con la lluvia de domingo,

que parece acortar

nuestros festivos sueños

y descompone la decaída luz

de las últimas horas.

 

Aquí, en los interiores,

acompaña el silencio.

Los objetos parecen fatigados.

 

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