Somos
un prado donde zumban las abejas,
mente
y cuerpo son casi uno
como
el fuego crepita en la estufa
y
nuestros ojos se cierran,
y
boca a boca, la cobijas
sobre
nuestros hombros,
dormitamos
como caballos en el campo,
de
acuerdo; aunque el frío otoñal
circunda
nuestra cama tibia, y aunque
de
día somos singulares y muchas veces solos.
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