esto nadie lo sabe, pero siempre hace más verdad
en la sabiduría de las terceras nieves.
Pero dónde entonces la marca del herrero.
Llega el invierno y los que se aman
acuden al frío como acudieron al vuelo
los cormoranes en tiempo de guerra.
Es difícil seguir vivos, amor mío
pero es más triste aún abandonar la casa de las palomas
ciegas.
No es en la tarde de los cuadros
donde dejamos la caja fuerte de las pérdidas
sino en la cuchara de palo
que regalamos al afilador.
Nada salpica nuestra inocencia
salvo la casi certeza de que regresará el verano
a la hoguera del frío
y habremos de ocuparnos de quienes más nos necesitan.

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