lunes, 25 de mayo de 2020

PESOS Y MEDIDAS, Francesc Cornadó



La cabeza de un individuo pesa,
más o menos, ocho quilos,
que es el peso aproximado de un buitre.

Todo aquel que tenga capacidad de pensar
debe soportar el lastre de su testa,
incluso los intelectuales existencialistas han de aguantarlo.

Los huesos de la cabeza protegen
el órgano más pesado del cuerpo humano, el cerebro,
que pesa igual que un ladrillo macizo.

El peso y las medidas de un cuerpo generoso
no son distintos a las de un criminal.
Los dos están cubiertos por una capa de piel que pesa once quilos.

La lengua, por afilada que esté,
mide tres veces menos que una cotorra.
Lengua y cotorra articulan voces aladas y canciones de despedida.

El amor no precisa la fuerza del motor de sangre
para mover el sol y las demás estrellas.
El esfuerzo sanguíneo y la práctica del amor hacen sudar.

Aún no se ha podido pesar el alma,
hay, sin embargo, quien asegura que pesa veintiún gramos,
tampoco sabemos dónde se aloja, si en la cabeza o en los pies.

No hemos podido medir la dimensión del odio,
sólo conocemos sus efectos y las calamidades
que produce, que a menudo se resuelven a navajazos.

Las teorías fisionómicas no han conseguido esclarecer
de qué manera los mapas del rostro expresan
el engaño inconmensurable de una mirada.

Conocemos la capacidad de la vesícula biliar,
pero no sabemos dónde se halla la bilis negra
que provoca tristeza y mal genio.

Todo es bastante desconocido,
el comportamiento de un virus y el peso del llanto.
Pero sabemos de la infinitud de la estupidez humana.

Debemos diseñar instrumentos de precisión
para continuar pesando y midiendo
y poder conocer la dimensión de los cuerpos y las cosas.

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